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El Líbano se cruza en una mañana, desde la bruma salada de la costa hasta la línea de nieve de las montañas. Y casi todo el que llega entra por una misma puerta. Esa puerta se llama Beirut.

El acceso aéreo aquí está concentrado y no repartido. Un solo aeropuerto sostiene todo el tráfico regular del país. En el mapa aparecen otros aeródromos, pero son militares y están cerrados al tráfico civil, de modo que no afectan a nadie que lleve un billete. Para el viajero esto simplifica mucho la planificación: se vuela a Beirut y el resto del Líbano se despliega por carretera.

Aeropuerto Internacional de Beirut Rafic Hariri (BEY)
El aeropuerto queda a poca distancia al sur del centro, junto a la orilla en Khalde, donde las pistas corren paralelas al Mediterráneo y detrás se levanta la cordillera del Líbano. La aproximación es de las más teatrales de la región: primero agua, después una banda repentina de edificios claros que trepan por la ladera y solo entonces el suelo.

Lleva el nombre de un antiguo jefe de gobierno libanés y es la base de Middle East Airlines, la aerolínea nacional, cuyos cedros en la cola suelen ser lo primero libanés que ve el viajero. 

La red de rutas se inclina hacia el Golfo, Europa y el Mediterráneo, moldeada tanto por el turismo como por los libaneses repartidos por el mundo. En los meses cálidos la sala de llegadas se convierte en una reunión familiar, con flores, carteles escritos a mano y muchísimos abrazos junto a la valla. Es una de las salas de llegadas más emotivas que existen y cuenta algo verdadero sobre el país antes incluso de llegar a la parada de taxis.

La terminal es única y se lee con facilidad, así que nada queda lejos dentro de ella. Las obras de ampliación avanzan por etapas y alivian un edificio que desde hace mucho recibe a más gente de la prevista. Los controles son minuciosos y se suceden en varias capas, así que conviene salir con tiempo de sobra, sobre todo en verano y en fechas festivas. Hay cambio de moneda, cafeterías y tiendas libres de impuestos, aunque para llevarse algo a casa la ciudad resulta mucho más interesante.

El camino hasta Beirut es corto en teoría y bastante más largo en la práctica, porque la carretera de la costa recoge el tráfico de todo el país. Lo más tranquilo es reservar el traslado por adelantado o tomar un coche en el mostrador oficial de taxis de la terminal.

Aeropuerto Rene Mouawad, Kleyate (KYE)
En el extremo norte del país, en la ancha llanura agrícola de Akkar más allá de Trípoli, se encuentra el aeródromo de Kleyate, oficialmente llamado Rene Mouawad y utilizado durante mucho tiempo como base aérea. Alrededor hay huertos y colinas bajas, con el mar a un lado y los pliegues de la montaña al otro.

Desde hace años se habla de él como segunda puerta civil del Líbano, una forma de abrir el norte sin hacer pasar a los visitantes por la capital, y los preparativos avanzan por etapas. Por ahora es una posibilidad en el horizonte y no una opción para reservar. Aun así conviene recordar el nombre, porque quien planea tiempo en Trípoli, en Akkar o en las montañas del norte atraviesa hoy el país dos veces, y eso no será siempre así.

Llegar y Salida
El Líbano no tiene vuelos internos regulares y tampoco los necesita. Desde Beirut, las columnas romanas de Biblos quedan a menos de una hora si la carretera acompaña, Sidón y Tiro siguen la costa hacia el sur, Trípoli sostiene el norte y los templos de Baalbek esperan al otro lado del paso de montaña, en el valle de la Bekaa. Todo se alcanza en coche y el trayecto forma parte del placer, porque nunca falta cerca el agua o la altura.

Llegue al aeropuerto con antelación, tenga a mano el pasaporte y la tarjeta de embarque y cuente con varios controles entre la entrada y la puerta. Después de eso el proceso se suaviza bastante.

En opinión de Magelline, el mapa aéreo del Líbano es corto pero no sencillo. Un aeropuerto hace el trabajo de muchos y transporta no solo pasajeros, sino la costumbre de toda una diáspora de volver a casa.