Múnich levanta su jarra
2026-05-10 00:00:00
Lo primero que se oye son los metales de la banda. Flotan sobre la Theresienwiese antes de que aparezcan las carpas, mezclados con el olor a almendras tostadas y a leña. Luego la multitud se espesa, los dirndl y los pantalones de cuero se multiplican, y Múnich muestra la fiesta que lleva todo el año preparando.
El Oktoberfest es la mayor fiesta popular del mundo y cada otoño reúne a millones de personas en una sola explanada junto al casco antiguo. Los muniqueses la llaman simplemente la Wiesn. Basta pasar allí unas horas para empezar a llamarla igual.
Una boda real que nunca terminó
Todo empezó en octubre de 1810, cuando el príncipe heredero Luis de Baviera se casó con la princesa Teresa. El pueblo de Múnich lo celebró en los campos junto a la ciudad, y el día terminó con una carrera de caballos. Los campos recibieron el nombre de la novia y al año siguiente la fiesta se repitió. Y al otro también.
En dos siglos desaparecieron los caballos, llegó la cerveza y la fiesta se adelantó a septiembre en busca de noches más templadas. Hoy dura unas dos semanas y media. Empieza un sábado de la segunda mitad de septiembre y termina el primer domingo de octubre, o el 3 de octubre si ese día cae más tarde.
Vestidos para la Wiesn
La mayoría de los visitantes llega con Tracht, el traje tradicional bávaro. Los hombres llevan Lederhosen, pantalones cortos de cuero con tirantes bordados, camisa de cuadros, gruesos calcetines de lana y zapatos robustos. Algunos añaden un sombrero de fieltro con un penacho de pelo de rebeco. Las mujeres visten el dirndl: un corpiño ajustado sobre una blusa blanca, falda amplia y delantal. El lazo del delantal guarda un pequeño secreto. Atado a la izquierda significa soltera, a la derecha comprometida, detrás viuda. Muchas familias guardan su mejor traje durante años y lo heredan los hijos.
Dentro de las carpas
En la Wiesn solo pueden servir cerveza las cerveceras de Múnich. Augustiner, Paulaner, Spaten, Löwenbräu y Hofbräu elaboran una cerveza de fiesta, más fuerte y dorada que la habitual. Se sirve en la Maß, una pesada jarra de vidrio de un litro entero, y las camareras se toman muy en serio el arte de llevar cuatro a la vez.
El día de la inauguración, a mediodía, el alcalde de Múnich clava el grifo en el primer barril y grita «O'zapft is!», que quiere decir «¡Ya está abierto!». Siguen doce salvas de cañón y solo entonces empieza a correr la cerveza.
Canciones en la mesa
Cada gran carpa tiene su banda, casi siempre en un escenario central. Durante el día suena música bávara de metales, marchas y polcas. Más o menos cada veinte minutos llega el breve brindis cantado «Ein Prosit der Gemütlichkeit», y toda la carpa se pone en pie, alza las jarras y bebe a la vez. Por la noche todo se vuelve un coro gigantesco. Con el «Fliegerlied» todos agitan los brazos como pájaros, los éxitos alemanes de fiesta llenan los huecos, y miles de desconocidos cantan clásicos internacionales como «Country Roads» o «Sweet Caroline» subidos a los bancos.
Qué comer entre ronda y ronda
El pedido clásico es medio pollo asado con la piel crujiente y salada. De los puestos de madera cuelgan pretzels enormes, por la mañana llega la Weißwurst con mostaza dulce y el pescado ensartado en largos palos se asa despacio sobre las brasas. Para el dulce, busque los corazones de pan de jengibre con cinta, decorados con palabras de amor en glaseado. La gente se los regala y los lleva colgados al cuello todo el día.
Más allá de la cerveza
La Wiesn es también una enorme feria, con montañas rusas, una noria desde la que se ven los Alpes en días claros y viejas atracciones de madera que giran desde hace generaciones. El primer domingo miles de personas desfilan por el centro con trajes tradicionales, carros de las cerveceras tirados por caballos y bandas de toda Baviera. En el extremo sur está la Oide Wiesn, donde las atracciones históricas y los bailes populares conservan el ambiente de hace un siglo.
Consejos
Sin reserva, lo más fácil es ir entre semana por la mañana. Los fines de semana se llenan rápido. Conviene llevar efectivo, los precios suben cada año y los hoteles de Múnich se reservan con muchos meses de antelación.
Perspectiva de Magelline
El Oktoberfest parece una larga fiesta sin más, pero bajo el ruido hay algo conmovedor. Desconocidos comparten bancos y canciones, las familias mantienen vivas sus tradiciones de generación en generación y una ciudad entera dedica dos semanas a celebrar, sencillamente, que está junta. Venga por la cerveza si le apetece. Seguramente recordará mucho más tiempo a la gente de su mesa.